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domingo, 14 de agosto de 2011

AH! No seas mala! Pobrecito!

La imagen es la siguiente: Juan -en su proceso investigativo permanente- quiere tomar algo que claramente no está a su alcance sin exigir un esfuerzo de su parte.

Para mí es un placer observar su pararse en puntas de pié, su manito elongada para acariciar el objeto con la punta de sus deditos, sus rodeos en el espacio para encontrar alguna perspectiva más beneficiosa, su inventiva para reconvertir cualquier objeto en escalón o plataforma de despegue....

Con su perseverancia -como todos los niños de la edad supongo- puede pasar largos ratos intentándolo y al no lograr su cometido dar gritos que indican enojo y frustración...Luego, sabiamente se distrae algún tiempo con otra actividad más accesible, para más tarde volver a aquella tarea que no ha olvidado... aunque lo parezca y que todavía le tiene cautivado.

Cuando esto sucede en la intimidad de casa yo disfruto enormemente observándolo. Me encanta notar, como parece entender que para decodificar el mundo o para lograr un cometido, lo primordial es confiar en las propias capacidades e ingeniárselas para lograrlo. 

Pero cuanto esto pasa en público, el resto del mundo parece leer esta situación de manera absolutamente diferente...Y ahí viene la frase que pareciera indicar que soy una torturadora infantil que no satisface las necesidades lúdicas de su hijo porque no corre a entregarle inmediatamente ese bendito objeto que tanto desea. 

La verdad que yo también muchas veces he sucumbido, y probado este "ser buena" acercándole ese objeto tan valioso que él deseaba. Inmediatamente, lo que sentí que con esa ayuda/intervención le había robado al objeto todo lo que tenía de especial para mi hijo y lo ha había convertido en igual a todos los cercanos. Para él, ya no tenía la magia de invitarlo a sentir un desafío.

No quiero robarle a Juan y tampoco a Lu ese sentimiento fabuloso que se llama: GRATIFICACION y que ambos parecen disfrutarlo enormemente. 


PD: Reconozco que muchas veces - sin que se den cuenta - les acerco lo que desean un poco porque me encanta ver como después de tanto esfuerzo saltan de alegría, con esa felicidad especial resultado de haberlo logrado...