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sábado, 2 de abril de 2011

Sé que quiere y también sé que puede


Cuando mis bebés quieren algo que es evidente, por ejemplo alcanzar un juguete o sacar algo... la respuesta natural de las personas cercanas es ayudarlo, con la consideración: pobre es chiquito. Como si ser chiquito fuera feo. Es su realidad y el no sabe lo que es ser grande, lo que es alcanzar sin esforzarse, lo que es no intentar varias veces hasta lograrlo.

Entonces ahí estoy yo diciendo: No esperá. Creo que lo va alcanzar solito, dale tiempo! Vas a ver qué seguro consigue una forma de ingeniársela! Entonces la respuesta: Pero, está llorando, pobrecito!. Entonces de nuevo yo: No, no está llorando, se está quejando porque no puede conseguir lo que quiere, pero hay que darle la oportunidad de conseguirlo! Vale aclarar que si llora lo alzo, pero cuando solamente se está quejando, no!. Entonces explico: Me parece que a los bebés hay que darles tiempo para que busquen la forma de resolver sus situaciones y los invito a observarlo, confiada en que con tiempo, le encontrará la vuelta para llegar a donde quiere!.

Este dialogo se repite constantemente con el padre, la niñera, las abuelas, los tíos, mis amigas y en general, yo parezco una insensible...Pero si no llora y no hay angustia, no quiero robarle la oportunidad y el tiempo de intentar! ¡Y mucho menos quiero quitarle el placer de lograrlo! Cuando lo logra veo su cara de placer y eso me vale la pena, de haberme resistido a la ayuda inicial y haber parecido un poco insensible en su momento. Y si no pienso que ya lo logrará…como ha logrado todo en su vida. Todo solito, eso sí acompañado por mi mirada cercana.