Hace días me ronda en la cabeza, sobre como los adultos nos enfocamos en saber cuándo se parara o caminara solo un bebé. De hecho, los comentarios más frecuente sobre la motricidad de mis hijos son: "Mi hijo camino a tal edad", "Ya casi está listo, ya se va a largar", o "Lo deberías ayudar".
Yo misma, incluso, me descubro preguntando sobre cuándo caminaran y aunque lo hago, simplemente por curiosidad y para ejercitar en mi imaginación, más que por apuro o ganas de que suceda, de alguna manera también me veo envuelta en la búsqueda del objetivo, en lugar de disfrutar el presente.
¿Qué importancia tiene cuando caminaran los bebes si son tan dinámicos? ¿Qué importancia tiene si van de un lado para el otro, igual que si caminaran? ¿Por qué perdernos el placer de observar lo que disfrutan de gatear, reptar y sentarse de diferentes maneras cuando lo harán tan poco tiempo en su vida?
Me encanta ver que mis bebés, en cambio, valoran todas y cada una de las posiciones que adoptan por igual y que las cambien constantemente, pareciendo entender cada una como parte de la siguiente.
Definitivamente, creo que el movimiento es la mejor excusa para aprender a esa edad. Cuando se mueven libremente están aprendiendo a disfrutar del proceso y no sólo del logro, a sorprenderse con movimientos interesantes que no sabían que existían, a saber que no toda las superficies son iguales - no es lo mismo plano que inclinado ni una escalera - pero sobre todas las cosas, están aprendiendo a que no hay logro sin intentos previos.
Por eso, cuando se dan un porrazo, primero los observo porque para ellos muchas veces ese golpe no fue tanto como para mí, simplemente la posibilidad de comenzar a jugar de una vez más.
Me tranquiliza pensar que en estos diez meses mis bebés - gracias a desplegar sus posibilidades motrices en libertad- han aprendido algo que les quedara guardado en sus emociones y fijado en su interior para toda la vida. Ellos saben que siempre tenemos muchas posibilidades para elegir y esa es una verdad que les servirá siempre.