jueves, 2 de agosto de 2012

¡Ahora! ¿Chau Mamadera?


Ayer fuimos de nuevo a lo Liliana, hacia un par de meses que nos ausentábamos y yo comenzaba a sentirlo. Como siempre me recomendó y a la vez me provocó en el mejor de los sentidos a creer aún más en la maduración de mis hijos.

¿Por qué Juan babea tanto? Pregunté y ella me re preguntó: ¿Ya no toman mamadera, no? Y yo sabiendo de mi falta porque ya me lo había dicho hace tiempo que debía sacar ese ritual de nuestra vidas, me confesé: ¡No se como sacarles la mamadera, ellos la piden con frecuencia!, Me parece que no puedo. Su respuestas fue concreta, es necesario destetarlos también de la mamadera, es decir de esa forma de succión.

Honestamente muy poco convencida llegue a casa, dispuesta a poner esta nueva consigna hacia nosotros los adultos para ayudar a sacarles también esa necesidad y así si más, como por arte de magia comenzamos con nuestro cometido. Dos días han pasado desde entonces y han comido mucho más de lo que lo venían haciendo. Juan se ha sentado a la mesa con la concentración que genera el hambre y ha comido de todo y mucho más. Será por eso que hace dos noches que duerme once horas. Tal como un osito que esta invernando la noche se hace ahora para el larga y placentera. Lu también ha comido mucho mejor tomando su leche en una taza trasparente a la cual llenamos con su antigua mamadera, mientras que le explicamos que desde ahora será mucho mejor tomarlo así en taza igual que mamá y papa y todos los adultos de la casa.

Solo hoy tuvimos una pequeña crisis cuando nuestra amiguita Sofi estando en casa, sacó una radiante mamadera y se dispuso a tomarla recostaba. Pero se pudo con la demanda y al poco rato estaban comiendo su cena. Lo que hace dos días me parecía un imposible para lo cual no era necesario luchar, una vez más me doy cuenta de cuantas necesidades parecemos generales los adultos a nuestros hijos. Yo le puse chupete y lo usaron todo el tiempo que yo lo necesité para sentirme que de esa manera los estaba calmando hasta que me propuse mirarlo de otra manera. Ahora mis hijos dejaron la mamadera diurna – porque a la noche se toman una todavía – hasta que fui convencida o más bien “provocada en el buen sentido” a pensarlo de otro modo.

Por suerte ellos pueden con nuestras arbitrariedades y en este baile que es criar nos vamos mostrando el camino. A veces – sobre todo al principio- somos nosotras las madres y luego paso a paso son nuestros hijos que con su dedito nos van guiando.

Quería que tuvieran eso invisible

Hoy conversando con una amiga de toda la vida entre broma y broma, me dice pero qué tiene de especial este método si tus hijos son igual a todos. La verdad es que yo no seguí esta mirada de respeto en la crianza para que mis hijos fueran especiales o diferentes, ni más avanzados ni superdotados, lo que me motivó fue el deseo que mis hijos contaran con una sensación invisible de que ellos "pueden" - más allá de la mirada de los demás -. Me gustaba la idea de que mis hijos se sientan capaces de resolver las situaciones que les presenta la vida según el estadio que se encuentren. 


Será por eso que hoy con sólo dos años, me encanta cuando observo que si alguien se para frente a la televisión, obstruyendo su campo visual ellos no se quejan sino que rápidamente se corren de lugar buscando recuperarla, y como saben que pueden resolverlo por si mismo no se detienen a marcar lo que sucedió.  Me gusta observar cuando desean llegar a un lugar alto y notar que ellos no piden ser alzados más de una vez, sino simplemente aparecen empujando su sillas para poder elevarse como desean y hacerse de aquello que les cautiva. No tengo recuerdos de haber escuchado la frase: "acá, mamá" como pidiendo que me siente a su lado para jugar - claro esto puede deberse a la maravillosa condición de mellizos - porque ellos saben el disfrute de descubrir los objetos por si mismo.  Cuando necesitan ayuda porque habiendo explorado las posibilidades no han podido lograr su cometido, me  toman de la mano para llevarme al lugar donde necesitan de mi colaboración acompañando el gesto con la frase: "ayuda mamá".

Siento que algo de esa autonomía era lo que soñaba para ellos cuando nacieron y fue razón fundamental por la cual quedé fascinada por los conceptos de Emmi Pikler ni bien llegó el libro Movimiento en Libertad a mis manos. Me encanta pensar que esta forma autónoma de estar en el mundo se les fijó durante estos dos primeros años - y a mí en la mirada -  y ojalá que estas mínimas lecciones que fueron recogiendo en sus miles de intentos sea la base fundamental de su sensación de competencia.  

Y si hay una creencias instalada que los niños deben ser guiados, ayudados en casi todas sus tareas, yo siento que lo míos "siempre" creen que pueden ellos solitos - dice LU: "yo sola, mamá"- pero por la simple razón porque ellos fueron "ayudados" muy pocas veces. Y juro que no fue por desamor, falta de cortesía o comodidad mía. 


Puedo afirmar que lo que más me fascinó durante estos dos años fue darme cuenta de todo lo que eran capaces mis hijos, pero sobretodo lo que más disfruté fue que ellos mismos se dieran cuenta de lo mucho que eran capaces. 


viernes, 6 de julio de 2012

Circulo!

Hoy mi hija amaneció risueño pero más aún, amaneció matemática. Lo primero que me dijo cuando entre a su cuarto al escuchar su llamado, fue redondo a la vez señalaba el ojo de buey que está en frente a su cuna. Y luego para corroborar su saber, señaló el cuadro a la vez que decía: "cuadrado".

Así está ahora mis hija LU, muy motivada por absorber el mundo de la formas. Y yo embobada como corresponde a un mamá de una hija de un mes más de dos años, que anda señalando el mundo desde su morfología y colores.

Le debo este saber un libro de formas que le compre hace tiempo, y como si nada mientras lo miraba y pasaba su dedito sobre la texturas diferente que tenía cada forma evidentemente estaba aprendiendo y absorbiendo sin parar. Así reconoce los círculos ocultos de las tapas de gaseosa, los círculos de los globos y otros sin parar...

lunes, 11 de junio de 2012

Un master en logística

Ser madre de mellizos es pertenecer a una sub-tribu dentro de la maternidad en general, porque maternar dos bebés no tiene nada que ver hacerlo con un solo bebé. Con hijos mellizos, la logística toma relevancia absoluta y es difícil moverse o emprender una nueva actividad.

Todavía recuerdo mis interrogantes sobre cómo subir las escaleras del consultorio pediatrico con los dos huevitos cuando mis hijos eran muy pequeños o mis conjeturas sobre que pensarían los destinatarios -la secretaría o una madre solidaria- de mis súplicas para que miraran el bebé cuando tenía que cambiar los pañales a uno de mis hijos en el baño y no entrábamos los tres.

Recuerdo mis contorciones para poner una pierna en el cochecito de modo de sentir si deslizaba o algo le pasaba a mi bebé que quedaba solito mientras acomodaba a su hermano en la sillita del auto. Con mucho menos nostalgia todavía, me acuerdo los varios meses que viví con moretones en las piernas de tanto subir el cochecito doble al baúl que pesaba sus varios kilos. De pronto, me había convertido en una mujer forzuda y hasta ahora manifiesto esa nueva capacidad cuando tengo que alzar a los dos juntos que suman más de veinte kilos.

Nunca podré olvidar la expresión sorpresa o mejor dicho, de casi enojo de un padre desconocido al que en un cumpleaños prácticamente le ordené que cuidara que a Juan no le pasara nada en el agua cuando se había metido vestido en una fuente y yo no podía alcanzarlo para alzarlo y correr a rescatar a Lu que se trepaba por una escalera sin baranda cuando recién estaba probando esa proeza.

De varios lugares, me he ido pensando que donde mejor se sentían mis hijos era en mi casa, ante la sorpresa de las madres de sólo hijo que lo llevaban cómodamente pegados a su cuerpo como pareciendo no perder su libertad.

Con dos bebes es casi imposible cualquier programa, si salía con una amiga entre que atendía a Juan y luego a Lu, prácticamente no me podía relacionar con el destinatario de mi visita. Y peor aún, a mi bebé que no tenía alzado al encontrarse en un espacio desconocido requería más mi atención que si estaría en casa con su música, su aroma, sus referentes amorosos. Salir con mellizos me parecía una verdadera osadía será por eso que solo me animé cuando los meses habían avanzado y por ende, mi confianza. Y muchas veces incluso, aceptaba cuando había alguna amiga que se comprometía a ayudarme con algunos de mis hijos.

Maternar en simultáneo






Cuando me encuentro con alguien que no tiene mellizos que me dice: “No sé como hiciste” yo siempre respondo que no lo sentí tan duro. Pero claro, tampoco sé cómo es ser madre de un sólo hijo porque mi bautismo maternal fue así, duplicado. Además, al contar con ayuda supongo que el esfuerzo físico no debe haber sido mayor al que requiere cuidar un sólo bebé.









Para mi la mayor complejidad de maternar en simultáneo no fue cambiar dos pañales, preparar dos mamadera o sostenerlas haciendo equilibro para que mis dos bebés tomaran a la par porque esa es parte del trabajo que llamo “en serie”. Mis hijos mellizos aunque con su propia individualidad me exigían la misma sintonía de acciones, intereses y atención muy diferente a lo que supongo debe ser satisfacer los dos tipos de necesidades de movimiento, paciencia, atención y dedicación que nos deben proponer un bebé y una casi niño separados por algunos pocos meses de diferencia.

Mis recuerdos angustiosos de lo que complicado que es ser madre de mellizos tienen que ver con lo emocional. Yo lo sentía como un ejercicio constante de tener que elegir en situaciones donde no hay opciones sin costo o sin renuncia. ¿Qué era más importante respetar la paz o la angustia?, ¿Qué requería más mi atención el hambre o la tristeza?, ¿A quién debía contener cuando los dos están igual de angustiados?. Si estaba amantando a Juan y Lu se ponía a llorar desconsoladamente. ¿Debo interrumpir ese momento nuestro para atender a Lu o debería respetarlo como propio de Juan porque Lu ya tomó?. ¿Si amamantaba a los dos juntos y uno se ponía incomodo cómo acomodarlo sin alterar la tranquilidad de su hermano?. Así se pasaron los primeros meses pensando cómo equilibrar el afecto?.

Ser madre de mellizos fue y todavía aún lo es, un trabajo para evitar la unicidad. Porque si bien es fácil individualizarlo desde la intelectualización, en el minuto a minuto de la crianza he tomado decisiones para los dos, cuando sólo uno lo necesitaba. Muchas veces ni siquiera me daba cuenta hasta pasado un tiempo donde nuevamente debía considerarla y re afirmar eso que sabía pero a veces me olvidaba: lo que es mejor para uno puede no serlo para el otro.

domingo, 10 de junio de 2012

Etiquetas no mellizas

Durante estos días estuve pensando en mis hijos y sus capacidades. Juan nació con mejor peso, pude amamantarlo de inmediato y a los días ya estaba en una cunita al lado de su hermana donde podíamos alzarlo constantemente. Lu en cambio debió estar más tiempo en incubadora y cada día que pasaba habíamos fuerza para que llegara a esos benditos dos kilos que nos permitirían volver a casa. Me acuerdo de hasta pensar:  "Ojalá tenga el pañal con algo de pis para sume un poco más". Cada gramo era recibido como una noticia libertadora en la carrera de la retirada no sin antes pasar por internación intermedia algo así como una escuela pupila para padres primerizos.

Ya en casa, Lu era una bebé que se manifestaba sumamente tranquila y dispuesta a pasar de brazo en brazos con entrega y sonrisas de bienestar. A pesar de su pequeñez parecía más preparada para su tarea de vivir. Juan en cambió dejo su placidez hospitalaria para llorar, llorar y llorar. Pero esa foto de la primer semana cambió rápidamente para intercambiar sus caracteres. Mientras Juan se fue aclimatando a nuestro habitad, Lu se volvió sumamente llorona y siempre parecía estar a la sombra de los avances de su hermano: el comía muy bien mientras ella no, ella solía vomitar mientras el eran pocas las oportunidades, Juan se dormía tranquilo en cambio con Lu era una odisea.

Luego vinieron las habilidades motrices y aquí claramente Juan le paso el trapo: Juan repto algo así como dos meses antes que su hermana, gateo un mes antes que Lu intentar sus primeros intentos de traslado, se sentó mucho tiempo antes que ella. Mientras Juan podía dar varias vueltas por mi casa, Lu solo había conseguido desplazarse pocos centímetros. Durante le primer año de vida de mis hijos, para todos estaba la idea instalada que Juan lograría todo aquello que se propusiera y en cambio a Lu, habría que ayudarla, ser sensible con ella y estar a su lado para que realice sus primeros logros.

Al segundo año de vida puedo decir todo lo contrario, Lu dió sus primeros pasos mucho antes que su hermano y cuando ya tenía una marcha bastante estable él recién comenzó con sus intentos. Hoy Lu se la pasa hablando todo el día y no deja de sorprender con su vocabulario: saque (por sacame) ashias (cada vez qeu recibe algo), verde y amarillo (cuando encuentra objetos de ese color, y asi va repitiendo cada palabra que pesca del mundo adulto. Hoy Mi hija mujer parece llevarlos mucha ventaja a su hermano que solo atina a decir; tata, papa, mamá y no se si alguna palabra más.

Como en una carrera, algunas veces lleva la delantera uno y luego según la curva parece primerear el otro. Es una cerrara muy larga, por eso mejor no etiquetar por si de hecho lo hubiera hecho no se como hubiera compaginado hoy la velocidad actual de Lu con su lentitud de ayer y al revés con su hermano.
Si bien las etiquetas a veces son funcionales con los mellizos hay que tener cuidado donde ubicarlas porque muchas veces por más certeras que fueran pueden dejar muy pronto de ser reales.

domingo, 3 de junio de 2012

Hablar en colores

Desde hace tiempo me he propuesto hablar en colores con la esperanza de que de esa forma podría introducirlos en el mundo de los colores a mis hijos. Todos los elemento tiene un color que por estos días. Es así que yo me pongo el buzo rosa, mi hija se pone los pantalones azules, mi auto ya no es el auto de mamá sino el auto celeste, el pasto ya no es solo el pasto sino que es el pasto verde.

Fue una decisión casi espontánea que se fue dando como respuesta a una pregunta de Lu que se refirió a algo rosa y desde entonces cada cosa tuvo su color. Cada vez que ordenamos también lo hacemos por color: guardamos los cubos rojos, luego los azules, y así sucesivamente. Es muy fabuloso vivir en colores y hasta pasar por una verdulería y llamar a cada una de las frutas también por sus pigmentos. En casa tenemos zanahorias naranjas, manzanas verdes y bananas amarillas.

Lu ha copiado esta actitud adulta y se la puede escuchar nombrando cada color de las prendas de nuestras visitas a la vez que señala con su dedito. Nuestros amigos quedan sorprendidos y yo también porque como una pequeña esponja ha absorbido eso que nosotros fuimos haciendo casi sin querer pero con ánimo de ayudarlos.

Dentro de poco en casa comenzaremos a hablar de formas y entonces diremos la mesa rectangular, los vasos cilíndricos y así sucesivamente. Cuando me preguntan ¿Vos le enseñaste?. yo no se que responder porque de verdad creo que no les enseñé, simplemente les presenté y así como Lu los descubrió a Juan todavía los colores parecen no interesarle.